Todo lo que no ardió sigue aquí.
Lo que no se dice también cuenta, en un rincón sin tiempo.

El silencio era más elocuente que cualquier palabra, como si fuera ayer, aunque nunca ocurrió.

El silencio era más elocuente que cualquier palabra, suspendido en una claridad incierta.
Los trenes que parten sin destino son los que más hablan de nosotros, como la última línea de un diario sin fecha.

Caminar era su manera de resistir el olvido, entre el polvo y el silencio.
Todo lo que vemos está teñido por lo que ya hemos perdido, como si todo se hubiese detenido allí.
El verdadero lugar de nacimiento es aquel donde por primera vez se fija una mirada inteligente sobre uno mismo.
