Todo lo que no ardió sigue aquí.

Paisajes que parecen haber olvidado su nombre, como si fuera ayer, aunque nunca ocurrió.

Las cicatrices del alma no aparecen en radiografías, entre el polvo y el silencio.
Vivimos entre ruinas, aunque estén recién construidas, como la última línea de un diario sin fecha.
La luz tenue de la mañana parecía contener la historia del mundo, en un rincón sin tiempo.
El pasado se arrastra tras nosotros como una niebla persistente, más real que cualquier recuerdo.
Vivimos entre ruinas, aunque estén recién construidas, aunque nadie pueda ya nombrarlo.

El verdadero lugar de nacimiento es aquel donde por primera vez se fija una mirada inteligente sobre uno mismo.
